Lugar: Preventivo Infantil de Sibaté
Ubicación: Sibaté, Cundinamarca
Duración: 3 horas
El Preventivo Infantil de Sibaté se encuentra ubicado a casi 1 hora y media de la ciudad de Bogotá y
es una organización sin fines de lucro creada para auxiliar a niñas que por
distintas razones o no tienen padres o sus padres nunca quisieron responder por
ellas. Este es el lugar que decidí visitar para realizar mi salida de campo.
Arroz, lenteja, chocolate, panela, ropa y zapatos en buen estado que ya
no se usen son algunos de los elementos que incluimos en nuestras maletas, pues
la organización no recibe recursos del estado y financia sus actividades por
medio de donaciones que reciben del sector privado, de las iglesias o de las
personas que se interesan por visitarlos.
Después de un viaje de una hora y veinte minutos, un fuerte olor y una
gran cantidad de cultivos de fresa dan la bienvenida a Sibaté. Me bajo del bus
y lo primero que percibo es la baja temperatura y la abundante neblina que
dificulta la movilidad hacía el orfanato, me pongo unas botas pantaneras y
empiezo a caminar siguiendo al grupo con el que voy. No toma más de 15 minutos
para llegar hasta allá.
El orfanato es una casona antigua muy grande rodeada por amplios
potreros donde hay un par de columpios y un rodadero. Al ingresar, nos recibe
una hermana quien nos da un rápido recorrido y nos cuenta algo de la historia
del lugar. Para ese momento, las niñas están estudiando por lo que continuamos
recorriendo la casa.
La temperatura es muy baja, las habitaciones son gigantes y algo que me
llama mucho la atención, es que no tienen puerta. En vez de eso, tienen una
especie de malla de metal y cada cama está cubierta con toldillos blancos. Le
pregunto a la hermana, por qué las habitaciones no tienen puerta y me responde
que en vez de puerta usan mallas y toldillos para proteger a las niñas de los zancudos
y mosquitos que salen del Embalse del Muña que está muy contaminado. En ese
momento entendí por qué el olor tan fuerte cuando estábamos llegando a Sibaté y
es que la contaminación del Embalse del Muña por palabras de la misma monja, está
matando a los habitantes del pueblo. Según ella, últimamente mucha gente se está
muriendo de cáncer en la región.
Son las 9:30 y es hora del receso, de un momento a otro los potreros
aledaños a la casa y el mismo patio se llenan de niñas corriendo y saltando por
todo lado. blancas, altas, bajas y jóvenes. Tristemente, hay montones de niñas.
Las niñas se acercan y se muestran extremadamente curiosas y a la vez felices
de tener visita en casa.
Dentro de esas niñas está Karen, una niña de 16 años de tez blanca, ojos
aguamielados, con una estatura aproximada de 1.45 metros y una gran sonrisa. Dada
la edad, Karen es la persona con la que decido hablar para que me cuente cómo ha
sido su estadía en el orfanato y cómo era su vida antes de llegar a la
institución.
Karen nació en la región del Catatumbo, más exactamente en el municipio
de Tibú, corregimiento de La Gabarra y en su corta vida no hay muy buenos
recuerdos. Vivíamos en una finca,
teníamos mucho espacio, había vacas, gallinas, marranos y mis papás trabajaban
cultivando caña, café, yuca y hasta había un trapiche en donde hacían panela. Mis
papás vendían esas cosas los domingos en el pueblo a la salida de la iglesia después
de misa y creo que, de esa manera lograban conseguir plata para vivir, me comenta
Karen.
Recuerdo que en algún momento mis
papás se empezaron a preocupar mucho, ya no tenían tranquilidad y creo que una
noche los oí hablando; mi papá le decía a mi mamá que las cosas se estaban
poniendo difíciles, varios guerrilleros del ELN y las FARC le habían pedido dejarles
unas parcelas ‘pequeñas’ para sembrar marihuana y cocaína, obviamente mi papá
no quería hacerlo, después empezaron a matarnos los animales. Aparecían
gallinas muertas todos los días.
Mientras Karen me contaba todo esto, quise googlear Tibú y pude ver que
es uno de los municipios del país en donde más intensamente se ha vivido la
guerra y donde muchos campesinos han sido obligados a ceder sus tierras o
incluso han sido desterrados de ellas por grupos al margen de la ley, tierras
en donde claramente ya no se produce maíz, café o yuca sino coca, marihuana y cualquier
otra infinidad de drogas. Según la Resolución Defensorial No. 46 de la
Defensoría del Pueblo, Tibú a parte del flagelo de la guerra, es un municipio rico
en recursos naturales como petróleo, pero con problemas sociales de gran
escala.
Pasábamos días enteros sin
electricidad porque las FARC, los paramilitares y el ELN tumbaban las torres de
energía para poder hacer de las suyas sin control, varias veces nos tocó
meternos debajo de las camas porque se formaban balaceras que duraban hasta 10
horas sin parar, otras veces tuvimos que dormir en el monte, me comenta Karen.
Karen ha estado en Sibaté desde que tenía 9 años pues lamentablemente,
en una de esas balaceras y constantes hostigamientos, su papá fue asesinado por
el impacto de varios proyectiles, su mamá tuvo que abandonar Tibú el mismo día
y dejar a su paso, el trabajo de toda una vida.
Karen me dice que su vida cambió mucho en muy poco tiempo, un día estaba en Tibú y al siguiente día, recuerdo
estar en un bus con mi mamá ‘de camino a casa de una tía que vivía cerca a
Bogotá’. La supuesta casa de la tía resultó ser el orfanato, esa fue la última
vez que vi a mi mamá.
Karen no tiene pelo (ninguna niña en el orfanato tiene el cabello largo,
a todas les cortan el pelo para controlar la proliferación de parásitos como
piojos o liendres) pero si, muchas tías y primitas para cuidar, está un poco
más tranquila e incluso se le ve sonriendo constantemente. Es una jovencita muy
valiente e inteligente que tiene muchas ganas de salir adelante, finalizando la
charla me contó que le gustaría ser enfermera o doctora para ayudar a las personas
que, como ella, han sido afectadas por la violencia. De su mamá se acuerda en
algunas ocasiones y aún no ha encontrado una justificación para que la haya
dejado botada, pero cree que quizá esa fue la mejor decisión que pudo haber
tomado.
Con un gran abrazo me despido de Karen, le agradezco por haber abierto
su vida a un extraño y por permitirme documentar su caso.
Quise tratar de tomarme una foto con ella, pero lastimosamente, no me
permitieron fotografiar a las niñas, ni tampoco al interior de la casa.
No sé si deba incluir mi punto de vista en la salida de campo, ni
tampoco quiero darle un tinte político. Sin embargo, tengo que expresar la
cantidad de emociones tan fuertes que experimenté mientras estuve esas tres
horas en Sibaté. Realmente pude dimensionar el impacto tan grande que ha tenido
la violencia sobre la vida de los campesinos en nuestro país, lo afortunados
que somos los que no hemos tenido que pasar por situaciones de violencia y lo
increíble que es tener a nuestros papás vivos. En épocas de plebiscito, después de la victoria
del NO y luego de charlar con Karen, me parece algo absurdo que en Colombia se
haya elegido continuar matando y dañando a los más pobres en vez de trabajar
por reconstruir el tejido social de comunidades como Tibú.


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