sábado, 15 de octubre de 2016

Informe Salida de Campo


Lugar: Preventivo Infantil de Sibaté
Ubicación: Sibaté, Cundinamarca
Duración: 3 horas

El Preventivo Infantil de Sibaté se encuentra ubicado a  casi 1 hora y media de la ciudad de Bogotá y es una organización sin fines de lucro creada para auxiliar a niñas que por distintas razones o no tienen padres o sus padres nunca quisieron responder por ellas. Este es el lugar que decidí visitar para realizar mi salida de campo.

Arroz, lenteja, chocolate, panela, ropa y zapatos en buen estado que ya no se usen son algunos de los elementos que incluimos en nuestras maletas, pues la organización no recibe recursos del estado y financia sus actividades por medio de donaciones que reciben del sector privado, de las iglesias o de las personas que se interesan por visitarlos.
Después de un viaje de una hora y veinte minutos, un fuerte olor y una gran cantidad de cultivos de fresa dan la bienvenida a Sibaté. Me bajo del bus y lo primero que percibo es la baja temperatura y la abundante neblina que dificulta la movilidad hacía el orfanato, me pongo unas botas pantaneras y empiezo a caminar siguiendo al grupo con el que voy. No toma más de 15 minutos para llegar hasta allá.

El orfanato es una casona antigua muy grande rodeada por amplios potreros donde hay un par de columpios y un rodadero. Al ingresar, nos recibe una hermana quien nos da un rápido recorrido y nos cuenta algo de la historia del lugar. Para ese momento, las niñas están estudiando por lo que continuamos recorriendo la casa. 


La temperatura es muy baja, las habitaciones son gigantes y algo que me llama mucho la atención, es que no tienen puerta. En vez de eso, tienen una especie de malla de metal y cada cama está cubierta con toldillos blancos. Le pregunto a la hermana, por qué las habitaciones no tienen puerta y me responde que en vez de puerta usan mallas y toldillos para proteger a las niñas de los zancudos y mosquitos que salen del Embalse del Muña que está muy contaminado. En ese momento entendí por qué el olor tan fuerte cuando estábamos llegando a Sibaté y es que la contaminación del Embalse del Muña por palabras de la misma monja, está matando a los habitantes del pueblo. Según ella, últimamente mucha gente se está muriendo de cáncer en la región.

Son las 9:30 y es hora del receso, de un momento a otro los potreros aledaños a la casa y el mismo patio se llenan de niñas corriendo y saltando por todo lado. blancas, altas, bajas y jóvenes. Tristemente, hay montones de niñas. Las niñas se acercan y se muestran extremadamente curiosas y a la vez felices de tener visita en casa. 
Dentro de esas niñas está Karen, una niña de 16 años de tez blanca, ojos aguamielados, con una estatura aproximada de 1.45 metros y una gran sonrisa. Dada la edad, Karen es la persona con la que decido hablar para que me cuente cómo ha sido su estadía en el orfanato y cómo era su vida antes de llegar a la institución.

Karen nació en la región del Catatumbo, más exactamente en el municipio de Tibú, corregimiento de La Gabarra y en su corta vida no hay muy buenos recuerdos. Vivíamos en una finca, teníamos mucho espacio, había vacas, gallinas, marranos y mis papás trabajaban cultivando caña, café, yuca y hasta había un trapiche en donde hacían panela. Mis papás vendían esas cosas los domingos en el pueblo a la salida de la iglesia después de misa y creo que, de esa manera lograban conseguir plata para vivir, me comenta Karen.
Recuerdo que en algún momento mis papás se empezaron a preocupar mucho, ya no tenían tranquilidad y creo que una noche los oí hablando; mi papá le decía a mi mamá que las cosas se estaban poniendo difíciles, varios guerrilleros del ELN y las FARC le habían pedido dejarles unas parcelas ‘pequeñas’ para sembrar marihuana y cocaína, obviamente mi papá no quería hacerlo, después empezaron a matarnos los animales. Aparecían gallinas muertas todos los días.

Mientras Karen me contaba todo esto, quise googlear Tibú y pude ver que es uno de los municipios del país en donde más intensamente se ha vivido la guerra y donde muchos campesinos han sido obligados a ceder sus tierras o incluso han sido desterrados de ellas por grupos al margen de la ley, tierras en donde claramente ya no se produce maíz, café o yuca sino coca, marihuana y cualquier otra infinidad de drogas. Según la Resolución Defensorial No. 46 de la Defensoría del Pueblo, Tibú a parte del flagelo de la guerra, es un municipio rico en recursos naturales como petróleo, pero con problemas sociales de gran escala.

Pasábamos días enteros sin electricidad porque las FARC, los paramilitares y el ELN tumbaban las torres de energía para poder hacer de las suyas sin control, varias veces nos tocó meternos debajo de las camas porque se formaban balaceras que duraban hasta 10 horas sin parar, otras veces tuvimos que dormir en el monte, me comenta Karen.
Karen ha estado en Sibaté desde que tenía 9 años pues lamentablemente, en una de esas balaceras y constantes hostigamientos, su papá fue asesinado por el impacto de varios proyectiles, su mamá tuvo que abandonar Tibú el mismo día y dejar a su paso, el trabajo de toda una vida.  Karen me dice que su vida cambió mucho en muy poco tiempo, un día estaba en Tibú y al siguiente día, recuerdo estar en un bus con mi mamá ‘de camino a casa de una tía que vivía cerca a Bogotá’. La supuesta casa de la tía resultó ser el orfanato, esa fue la última vez que vi a mi mamá.

Karen no tiene pelo (ninguna niña en el orfanato tiene el cabello largo, a todas les cortan el pelo para controlar la proliferación de parásitos como piojos o liendres) pero si, muchas tías y primitas para cuidar, está un poco más tranquila e incluso se le ve sonriendo constantemente. Es una jovencita muy valiente e inteligente que tiene muchas ganas de salir adelante, finalizando la charla me contó que le gustaría ser enfermera o doctora para ayudar a las personas que, como ella, han sido afectadas por la violencia. De su mamá se acuerda en algunas ocasiones y aún no ha encontrado una justificación para que la haya dejado botada, pero cree que quizá esa fue la mejor decisión que pudo haber tomado.
Con un gran abrazo me despido de Karen, le agradezco por haber abierto su vida a un extraño y por permitirme documentar su caso.

Quise tratar de tomarme una foto con ella, pero lastimosamente, no me permitieron fotografiar a las niñas, ni tampoco al interior de la casa.

No sé si deba incluir mi punto de vista en la salida de campo, ni tampoco quiero darle un tinte político. Sin embargo, tengo que expresar la cantidad de emociones tan fuertes que experimenté mientras estuve esas tres horas en Sibaté. Realmente pude dimensionar el impacto tan grande que ha tenido la violencia sobre la vida de los campesinos en nuestro país, lo afortunados que somos los que no hemos tenido que pasar por situaciones de violencia y lo increíble que es tener a nuestros papás vivos.  En épocas de plebiscito, después de la victoria del NO y luego de charlar con Karen, me parece algo absurdo que en Colombia se haya elegido continuar matando y dañando a los más pobres en vez de trabajar por reconstruir el tejido social de comunidades como Tibú.  



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