jueves, 20 de octubre de 2016

Entrevistando a la hermana Concepción

En la última clase se nos pidió reunirnos o conversar con una persona que estuviera relacionada con  el tema central de nuestra salida de campo, que para mi caso fue la orfandad y, tratar de hacer rapport con esa persona. 

Por esa razón quise entrevistarme con una de las hermanas que trabajan en el colegio donde estudié. La hermana Concepción por su vocación, constantemente participa en actividades de beneficencia que incluye visitas a orfanatos, ancianatos y hospitales.
Concepción me comenta que desde que está en la vida religiosa, ha conocido una gran cantidad de historias de vidas de personas que han sufrido mucho y que según ella, son merecedores indiscutibles de compasión y ayuda. 

Para comenzar, la violencia en el país, sin duda ha sido y es un factor que ha contribuido y sigue contribuyendo a que cientos de niños terminen en hogares de paso u orfanatos, el desplazamiento en especial hace que las familias se desintegren y que los papás por alivianar cargas, decidan dejar a sus hijos en estas instituciones. La pobreza y la desigualdad son según ella, formas de violencia silenciosas y letales que también hacen que las familias se destruyan. He conocido muchos casos donde los papás están muy ausentes en las vidas de sus hijos tratando de conseguir recursos económicos para sostenerlos y cuando van a ver, los muchachos que aún son menores de edad, consumen sustancias, están robando, hasta cometiendo delitos terribles y terminan en problemas legales donde el estado decide tomar la custodia y enviarlos a organizaciones manejadas por el ICBF. Eso sí es peor aún peor, allá los jóvenes no tienen amor, ni cuidado y terminan saliendo peor de como ingresan. 

Por otro lado, la falta de educación y conciencia de las personas es tan alta que muchos no miden las consecuencias que tener un hijo puede causar en sus vidas y cuando les llega el momento de ser papás, descubren que no están preparados emocional o económicamente para hacerlo. Falta mucha orientación por parte de los padres, he conocido casos de niñas que accidentalmente quedan embarazadas y por moral, no abortan, pero sí terminan dejando sus hijos en lugares como estos. Concepción considera que la familia actual está muy fragmentada pues los valores esenciales se han ido borrando y esto ha hecho que la formación de los hijos en principios y valores disminuya. Hoy en día los muchachos tratan de suplir necesidades emocionales con sexo y terminan trayendo hijos al mundo de los cuales no están dispuestos a hacerse cargo.

Durante toda la charla me mostré interesado y muy receptivo de cada cosa que decía Concepción y al final me di cuenta de que a pesar, de yo ser una persona que habla bastante, fue ella quien se la pasó hablando todo el tiempo, estuvimos sincronizados y la conversación se tornó bastante entretenida.

sábado, 15 de octubre de 2016

Informe Salida de Campo


Lugar: Preventivo Infantil de Sibaté
Ubicación: Sibaté, Cundinamarca
Duración: 3 horas

El Preventivo Infantil de Sibaté se encuentra ubicado a  casi 1 hora y media de la ciudad de Bogotá y es una organización sin fines de lucro creada para auxiliar a niñas que por distintas razones o no tienen padres o sus padres nunca quisieron responder por ellas. Este es el lugar que decidí visitar para realizar mi salida de campo.

Arroz, lenteja, chocolate, panela, ropa y zapatos en buen estado que ya no se usen son algunos de los elementos que incluimos en nuestras maletas, pues la organización no recibe recursos del estado y financia sus actividades por medio de donaciones que reciben del sector privado, de las iglesias o de las personas que se interesan por visitarlos.
Después de un viaje de una hora y veinte minutos, un fuerte olor y una gran cantidad de cultivos de fresa dan la bienvenida a Sibaté. Me bajo del bus y lo primero que percibo es la baja temperatura y la abundante neblina que dificulta la movilidad hacía el orfanato, me pongo unas botas pantaneras y empiezo a caminar siguiendo al grupo con el que voy. No toma más de 15 minutos para llegar hasta allá.

El orfanato es una casona antigua muy grande rodeada por amplios potreros donde hay un par de columpios y un rodadero. Al ingresar, nos recibe una hermana quien nos da un rápido recorrido y nos cuenta algo de la historia del lugar. Para ese momento, las niñas están estudiando por lo que continuamos recorriendo la casa. 


La temperatura es muy baja, las habitaciones son gigantes y algo que me llama mucho la atención, es que no tienen puerta. En vez de eso, tienen una especie de malla de metal y cada cama está cubierta con toldillos blancos. Le pregunto a la hermana, por qué las habitaciones no tienen puerta y me responde que en vez de puerta usan mallas y toldillos para proteger a las niñas de los zancudos y mosquitos que salen del Embalse del Muña que está muy contaminado. En ese momento entendí por qué el olor tan fuerte cuando estábamos llegando a Sibaté y es que la contaminación del Embalse del Muña por palabras de la misma monja, está matando a los habitantes del pueblo. Según ella, últimamente mucha gente se está muriendo de cáncer en la región.

Son las 9:30 y es hora del receso, de un momento a otro los potreros aledaños a la casa y el mismo patio se llenan de niñas corriendo y saltando por todo lado. blancas, altas, bajas y jóvenes. Tristemente, hay montones de niñas. Las niñas se acercan y se muestran extremadamente curiosas y a la vez felices de tener visita en casa. 
Dentro de esas niñas está Karen, una niña de 16 años de tez blanca, ojos aguamielados, con una estatura aproximada de 1.45 metros y una gran sonrisa. Dada la edad, Karen es la persona con la que decido hablar para que me cuente cómo ha sido su estadía en el orfanato y cómo era su vida antes de llegar a la institución.

Karen nació en la región del Catatumbo, más exactamente en el municipio de Tibú, corregimiento de La Gabarra y en su corta vida no hay muy buenos recuerdos. Vivíamos en una finca, teníamos mucho espacio, había vacas, gallinas, marranos y mis papás trabajaban cultivando caña, café, yuca y hasta había un trapiche en donde hacían panela. Mis papás vendían esas cosas los domingos en el pueblo a la salida de la iglesia después de misa y creo que, de esa manera lograban conseguir plata para vivir, me comenta Karen.
Recuerdo que en algún momento mis papás se empezaron a preocupar mucho, ya no tenían tranquilidad y creo que una noche los oí hablando; mi papá le decía a mi mamá que las cosas se estaban poniendo difíciles, varios guerrilleros del ELN y las FARC le habían pedido dejarles unas parcelas ‘pequeñas’ para sembrar marihuana y cocaína, obviamente mi papá no quería hacerlo, después empezaron a matarnos los animales. Aparecían gallinas muertas todos los días.

Mientras Karen me contaba todo esto, quise googlear Tibú y pude ver que es uno de los municipios del país en donde más intensamente se ha vivido la guerra y donde muchos campesinos han sido obligados a ceder sus tierras o incluso han sido desterrados de ellas por grupos al margen de la ley, tierras en donde claramente ya no se produce maíz, café o yuca sino coca, marihuana y cualquier otra infinidad de drogas. Según la Resolución Defensorial No. 46 de la Defensoría del Pueblo, Tibú a parte del flagelo de la guerra, es un municipio rico en recursos naturales como petróleo, pero con problemas sociales de gran escala.

Pasábamos días enteros sin electricidad porque las FARC, los paramilitares y el ELN tumbaban las torres de energía para poder hacer de las suyas sin control, varias veces nos tocó meternos debajo de las camas porque se formaban balaceras que duraban hasta 10 horas sin parar, otras veces tuvimos que dormir en el monte, me comenta Karen.
Karen ha estado en Sibaté desde que tenía 9 años pues lamentablemente, en una de esas balaceras y constantes hostigamientos, su papá fue asesinado por el impacto de varios proyectiles, su mamá tuvo que abandonar Tibú el mismo día y dejar a su paso, el trabajo de toda una vida.  Karen me dice que su vida cambió mucho en muy poco tiempo, un día estaba en Tibú y al siguiente día, recuerdo estar en un bus con mi mamá ‘de camino a casa de una tía que vivía cerca a Bogotá’. La supuesta casa de la tía resultó ser el orfanato, esa fue la última vez que vi a mi mamá.

Karen no tiene pelo (ninguna niña en el orfanato tiene el cabello largo, a todas les cortan el pelo para controlar la proliferación de parásitos como piojos o liendres) pero si, muchas tías y primitas para cuidar, está un poco más tranquila e incluso se le ve sonriendo constantemente. Es una jovencita muy valiente e inteligente que tiene muchas ganas de salir adelante, finalizando la charla me contó que le gustaría ser enfermera o doctora para ayudar a las personas que, como ella, han sido afectadas por la violencia. De su mamá se acuerda en algunas ocasiones y aún no ha encontrado una justificación para que la haya dejado botada, pero cree que quizá esa fue la mejor decisión que pudo haber tomado.
Con un gran abrazo me despido de Karen, le agradezco por haber abierto su vida a un extraño y por permitirme documentar su caso.

Quise tratar de tomarme una foto con ella, pero lastimosamente, no me permitieron fotografiar a las niñas, ni tampoco al interior de la casa.

No sé si deba incluir mi punto de vista en la salida de campo, ni tampoco quiero darle un tinte político. Sin embargo, tengo que expresar la cantidad de emociones tan fuertes que experimenté mientras estuve esas tres horas en Sibaté. Realmente pude dimensionar el impacto tan grande que ha tenido la violencia sobre la vida de los campesinos en nuestro país, lo afortunados que somos los que no hemos tenido que pasar por situaciones de violencia y lo increíble que es tener a nuestros papás vivos.  En épocas de plebiscito, después de la victoria del NO y luego de charlar con Karen, me parece algo absurdo que en Colombia se haya elegido continuar matando y dañando a los más pobres en vez de trabajar por reconstruir el tejido social de comunidades como Tibú.  



Ventajas del Rapport

El 23 de septiembre de 2016 fue mi primera experiencia en el área comercial del banco, previamente después de la última clase antes de salir a vacaciones, había estado leyendo y averiguando sobre el tema  de Rapport, la aplicabilidad y las ventajas que puede tener esta técnica para establecer sintonía y lograr una comunicación más efectiva.  

Ese día tuve la oportunidad de tratar de establecer conexión con las personas a las que intentaba venderles y comparar cómo respondían esas personas cuando intencionalmente trataba de hacer rapport y cómo reaccionaban cuando no lo hacía.

Hubo una persona en particular con la que desde el momento en que la abordé traté de aplicar lo que había leído; yo, por el ritmo de trabajo generalmente hablo bastante rápido. Sin embargo, esta persona hablaba un poco lento por lo que de inmediato traté de disminuir el ritmo al que iba y adoptar un tono de voz similar al de ella, la persona llevaba un libro en la mano, deduje que le interesaba leer y quise preguntarle qué clase de literatura le gustaba, estuvimos un par de minutos compartiendo sobre nuestros autores favoritos. 

Después le proporcioné la información y traté de persuadirla sobre las ventajas que tenía adquirir el producto que le estaba ofreciendo. Después de darle la información, la persona empezó a hacerme preguntas y ante cada una de las preguntas, traté de reaccionar de una forma activa y efusiva con comentarios como, ¡sabía que preguntarías eso! o ¡qué buena pregunta!. 

Después de aclararle todas las dudas y preguntas, la persona estaba interesada en adquirir el producto y se mostró extremadamente agradecida por mi asistencia. Quizá había hecho esto inconscientemente en el pasado, lo particular es que esta vez lo pude hacer con un propósito y vi las ventajas que tiene lograr establecer una conexión con las personas que nos comunicamos.