sábado, 30 de julio de 2016

Medios de transporte, difusión e importancia de las redes sociales y creación de blogs,

El jueves pasado tuve algunas experiencias en varios aspectos importantes; tuve inconvenientes movilizándome a través de SITP desde el banco hacia la universidad y llegué tarde a clase. Como normalmente lo había estado haciendo, salí a las cinco en punto para bajar hasta la sesenta y ocho y lograr tomar uno de los buses que pasan en los primeros minutos. El jueves pasado hice exactamente lo mismo que hago todos los días; salí en punto, bajé hasta la avenida y pacientemente esperé la ruta que me lleva a la universidad. Pasaron cinco, diez, quince, veinte minutos y el bus no pasaba lo que me generó estrés y ansiedad pues una de las cosas que más me frustra es llegar tarde.   
Después de esperar por casi media hora, finalmente a las cinco y treinta y cinco, pasó el bus de la ruta T40, lo mandé parar y me subí al tiempo que recordé la cantidad de comentarios y críticas que abundan en Facebook y redes sociales sobre las oportunidades de mejorar que tiene el sistema.
 Ya en el bus y sentado pude observar a una persona discapacitada que al parecer estaba viajando sola. El hombre de entre unos cuarenta o cincuenta años estaba bastante inquieto y a través de gestos y sonidos trataba de comunicarse con los viajeros sin que nadie pudiera entenderle una palabra. El recorrido se tornó eterno y el reloj avanzó bastante rápido. Ya frente a la universidad, me bajé y me movilicé hacía el edificio, bajé al piso cero e ingresé a clase. Cuando ingresé al salón, pude ver que mis compañeros junto con el profesor estaban revisando el escrito de mil doscientas palabras que debíamos entregar ese día y también estaban leyendo algunos al azar. A penas tuve tiempo para encender uno de los computadores antes de que el profesor me pidiera continuar con la lectura de un fragmento del escrito de uno de mis compañeros. A medida que avanzaban las diferentes lecturas, el profesor se tomaba el tiempo para darnos retroalimentación y hacernos sugerencias que harían de nuestros escritos, textos de mayor calidad.   
Posterior a la actividad de las mil doscientas palabras, empezamos a analizar el impacto que en la actualidad tiene la difusión de la información a través de las redes sociales, y es que, ¿hoy en día quién no recibe información a través de Facebook, twitter o Instagram y la usa como referencia para decidir dónde y cómo consumir?, esta información altera continuamente la forma de consumo, obliga al mercado a mejorar los canales de distribución y nos facilita la toma de decisiones para realizar compras más asertivas y seguras. Como lo predican las teorías modernas de mercadeo, el consumidor de hoy no es lo que era hace diez o veinte años cuando apenas se empezaba a oír de Facebook.
El consumidor actual es una persona empoderada y documentada que tiene acceso a la información en tiempo real y que tiene a su disposición múltiples fuentes para escoger los productos o servicios que mejor se adapten a sus necesidades. De igual forma, discutimos sobre la importancia que en la actualidad le dan las organizaciones a la información que por redes sociales circula y califica la calidad y la experiencia que como consumidores diariamente tenemos con sus marcas. Para ejemplificar todo lo anterior, el profesor nos comentó sobre su experiencia personal con una tienda de colchones que no respondía sus reclamos y como después de hacer pública la situación a través de Twitter, fue contactado de inmediato por la compañía para brindarle una solución. Posterior a esto, revisamos quiénes son los referentes y las personas más seguidas en twitter a nivel global y en Colombia; Katty Perry con setenta millones de seguidores es la líder indiscutible en Estados Unidos, seguido por Justin Bieber con sesenta y cuatro y Barack Obama con cincuenta y nueve, mientras que en nuestro país medios de comunicación como Caracol Televisión y RCN se ubican en los primeros puestos de la lista y más abajo se encuentran personajes de la vida política como Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos.
En el momento en que vimos esta comparación me fue inevitable pensar en que los colombianos tenemos como fuente de información primaria, medios que continuamente están recibiendo fuertes críticas por la calidad y parcialidad de la información que entregan al país.
Continuando con la clase y después de analizar la importancia del manejo de redes sociales, se nos solicitó abrir nuestras cuentas de Twitter o crear una para aquellas personas que aún no estuvieran registradas. ¡Lo hicimos!, cada uno creó y abrió su cuenta en Twitter y seguimos al profesor. Después de esto, se nos solicitó abrir y personalizar un blog que servirá como plataforma para documentar la actividad del escrito de mil doscientas palabras que semanalmente debemos entregar, será un espacio que construya y personalice cada uno y funcionará como medio para interactuar y tener acceso al trabajo que el resto de la clase haga.  De esta forma concluyó la clase de investigación cualitativa del jueves pasado.
Posteriormente, me dirigí a ciencias básicas para tomar mi clase de finanzas; una de las clases que más me llama la atención y que más disfruto de todas las materias que estoy viendo este semestre y es que el profesor mediante el análisis de noticias económicas y sociales actuales nos lleva a familiarizarnos y a aprender a estudiar el entorno en el que se mueven las organizaciones y como éstas deben elaborar estrategias para responder rápidamente ante los cambios abruptos que diariamente influyen en la economía nacional y global; incremento del dólar, bajas en los precios internacionales del petróleo y aumentos estrepitosos en la inflación son  ejemplos de algunos de los temas con los que entre todos, tratamos de ilustrar y entender las dinámicas económicas que se viven por estos días.
En estas dos horas de clase, el profesor busca dotarnos con las habilidades necesarias para entender los retos que como administradores de empresas tendremos en un futuro cercano, en un mundo en donde el nivel de competitividad ha alcanzado niveles altísimos y donde las compañías deben tener una capacidad de respuesta casi inmediatamente si se quiere seguir haciendo parte del mercado.
Una vez finalizada la clase de finanzas, exhausto por un día de trabajo, me dirigí a cruzar el túnel y a emprender mi camino de regreso a casa.

Mi día el jueves, 21 de julio de 2016,


El jueves, veintiuno de julio de dos mil dieciséis transcurría dentro de lo que usualmente es un día laboral en CitiService, decenas de compañías abarrotaban los medios de comunicación que Citibank ha establecido para que sus clientes acudan al banco, en caso de necesitar asistencia; el teléfono, el correo y el fax no daban abasto ni tampoco dejaban de sonar. ‘Envié una transacción y el beneficiario no ha recibido los fondos’, ‘estoy en el punto más crítico de mi auditoría anual y aún no recibo las certificaciones para PWC’, ‘how long will it take for the bank to adjust our account, these entries are still pending and we need to close the month as son as possible ?’, en inglés y en español los clientes desesperados generaban presión buscando respuestas casi inmediatas ante situaciones que parecían sacadas del versículo más trágico del libro del apocalipsis. Por otro lado, el gerente del área en su afán de figurar a nivel regional, no dejaba de recomendarnos y recomendarnos clientes y solicitudes que debían ser atendidas, según él, de manera inmediata.

De esa forma transcurrieron las primeras horas del día hasta la tan esperada hora del almuerzo; esa hora de paz, tranquilidad y sosiego en la que pareciera que el tiempo desafía todas las leyes y teorías de la física porque en vez de ser sesenta minutos, realmente se siente como si fueran veinte. De regreso a las actividades, todo se tornó un poco más calmado y los contadores, tesoreros y auditores de Ecopetrol, Procter & Gamble y Bayer, entre otros, aparentemente ya habían encontrado algo más productivo y enriquecedor para hacer que contactar al banco para quejarse hasta de sus problemas personales, asuntos maritales y frustraciones profesionales. Con los teléfonos en silencio, los correos gestionados en su totalidad, con nuestro gerente de reunión en reunión y después de casi seis horas de trabajo incesante, la paz se tomaba el ala norte del décimo piso del edificio corporativo de Citibank, Zona Industrial.

Faltando cuarenta y cinco minutos para las cinco de la tarde y de regreso en el área, el gerente me pidió que fuera hasta su oficina. Con la peor de las expectativas y pensando que más responsabilidades me serían asignadas, me acerqué para atender su llamado, después de trabajar intensamente durante los últimos dos años, Roberto estaba por darme una de las mejores noticias que he tenido en los últimos doce mes; ‘¡felicitaciones, Edwar!, hemos revisado tu desempeño y las calificaciones que has tenido en los últimos años y hemos tomado la decisión de darte una promoción para que trabajes con los clientes más importantes y grandes que tiene el banco en Latinoamérica y que tienen su tesorería basada en Miami’.

Con esa noticia, en mi mente Roberto inmediatamente pasó de ser un monstruo adicto al trabajo que pensaba que, en vez de tener seres humanos a cargo, tenía pulpos o máquinas a ser una de los pocos gerentes que realmente han trascendido sobre los típicos discursos de crecimiento y desarrollo profesional desde que trabajo en Citibank. Posterior a esta noticia, salí del banco camino a la universidad más motivado y con más ganas de continuar trabajando en mi formación como profesional.

Ese día veía de seis a ocho de la noche, investigación cualitativa y de ocho a diez, finanzas básicas.  Salí a tomar la ruta de SITP que día a día tomo sobre la tan contaminada avenida sesenta y ocho. Pasados ocho minutos y siendo las cinco y quince, finalmente pude abordar el bus que me llevaría directo a la Pontifica Universidad Javeriana. La ruta del bus, desde la calle trece hasta la calle veintiséis por toda la avenida sesenta y ocho, la congestión vehicular y la ya típica contaminación de la zona hacen un tanto tedioso el corto recorrido a dicha atura, tan diferente de cuando el bus gira hacia la bella y planificada calle veintiséis que está repleta de árboles en los separadores que amenizan y contribuyen a mejorar mi experiencia de viaje camino a la universidad.

Estando en la universidad y siendo la primera semana después de vacaciones, nervioso y con un montón de expectativas me dispuse a subir el empinado camino hacia el edificio Fernando Barón. Ya estando frente a dicha estructura, emprendí la misión de encontrar el que se suponía era el salón número cero diecisiete, después de caminar por todo el edificio buscando la referencia del salón y ante la evidente inexistencia de ese número, decidí preguntarle a uno de los guardas de seguridad que custodian el ingreso a la edificación. La persona me indicó que debía bajar al piso cero y que el salón era el cero siete, no el cero diecisiete. Procedí a tomar las escaleras y siguiendo las instrucciones, me encontré con una cantidad de alumnos confundidos por la diferencia de numeración para los salones en el piso cero. Todos se miraban entre sí como preguntándose la materia que estaban buscando, ¡eso sí!, sin pronunciar tan siquiera una palabra porque, ¡qué horror y qué oso! evidenciar la falta de conocimiento del campus de la universidad y dejar a la vista una ‘primiparada de neojaveriano’.

Después de cinco minutos en el piso cero, llegó e ingresó al salón quien aparentaba ser el profesor asignado para la materia; después de él, ingresé yo y ante la duda, decidí preguntarle si la clase era investigación cualitativa, procedí a sentarme en uno de los computadores de la sala. Posterior a esto, el profesor empezó a escudriñar entre las horribles fotos de los estudiantes que conformaban la clase, continuó llamando a lista y preguntando a qué programa de pregrado pertenecía cada persona. La clase se desarrolló entorno a los temas que veríamos a lo largo del semestre, las directrices y normas a las cuales debíamos acogernos. El énfasis del profesor con respecto a nuestras habilidades en redacción y ortografía fue claro, cualquier error de ortografía tendría una consecuencia directa sobre nuestra nota, de manera que el estudiante se sentiría en la necesidad de preparar textos con ideas claras y sobretodo, con buena redacción y con muy buena ortografía. Esa misma tarde y para contextualizar la importancia de una buena redacción y una buena ortografía, revisamos también la noticia del profesor de la Pontifica Universidad Javeriana que, ante la pésima redacción de sus estudiantes de comunicación, decidió dejar la universidad. De esta forma, nuestro profesor nos indicó que para cada clase debíamos construir un texto de mil doscientas palabras en donde describiéramos cualquier cosa.

El objetivo, afianzar nuestras habilidades en aspectos como redacción, ortografía y gramática. Finalmente, la clase concluyó y mis expectativas terminaron bastante altas pues siempre me he caracterizado por ser una persona que le da gran importancia a la comunicación oral, a las habilidades en lectoescritura, a la ortografía y a la redacción, continuamente trabajo en mejorar y ampliar mi vocabulario pues para mí es claro que entre más y mejor dominio se tiene del idioma, menores son los limitantes a los que podemos enfrentarnos en diferentes aspectos de nuestras vidas.